Muchos son los artículos que circulan por diferentes espacios en internet donde uno puede encontrar información sobre el bruxismo.

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La primera vez que a cualquiera le dicen, en el contexto que sea, que padece bruxismo, tenemos la impresión de haber contraído una enfermedad de difícil cura y con unas consecuencias de lo más desagradables que se pueden padecer. Nada más lejos de la realidad.

El bruxismo no es ninguna patología, es una respuesta cerebral compleja; nuestra actividad residual cerebral emite ondas cerebrales y son unas ondas concretas las que desencadenan el bruxismo. En ocasiones el bruxismo se produce durante el sueño, asociado a las distintas etapas del mismo. En otras ocasiones se produce incluso durante la vigilia, como respuesta a los estados ansioso-depresivos y como consecuencia de la activación del eje hipotálamo-hipofisario-adrenal y la utilización de catecolaminas a nivel central.

En resumen, el bruxismo como tal no supone una patología, es una respuesta fisiológica del sistema nervioso central y lo que podríamos considerar un desajuste del mismo es lo que nos podría acarrear consecuencias patológicas, veamos el porqué.

Cuando durante la noche tenemos un elevado número de episodios bruxistas, las estructuras que los soportan (musculatura masticatoria, musculatura del cuello, articulación temporomandibular (ATM) y dientes) pueden sufrir una sobrecarga, que se traduce en: patología muscular, patología articular y patología dental.

Fundamentalmente en la patología muscular encontramos activación de puntos gatillo, que son bandas tensas hiperirritables localizadas dentro de la fibra muscular y que nos hacen sentir dolor, no sólo sobre la musculatura afectada sino dolor irradiado a otras zonas anexas, en este caso cara y cabeza. Como consecuencia de esta activación de puntos gatillo, podemos tener dolores en la mandibula, cara, cefaleas, incluso, dolores en el cuello.

En la patología articular, encontramos problemas en la articulación temporomandibular, como puede ser la luxación discal con reducción que el paciente siente como un “clic” u otros tipos de sonidos articulares mientras abre o cierra la boca, come, habla… Como consecuencia de la actividad muscular masticatoria rítmica, denominación más apropiada para el bruxismo, se produce un aumento de la presión intra-articular que tiene como consecuencia, y ligada a otros problemas de lubrificación de la misma, el fracaso del complejo cóndilo-disco.

Por último, en la patología dental encontramos diversos tipos de afectación de las piezas dentales: desgastes, roturas… Por tanto, el bruxismo debe ser tratado en relación directa con el sueño y su fisiología. Las férulas u órtesis oclusales deben ser utilizadas fundamentalmente para evitar la patología dental, siendo escasos los efectos de éstas sobre la patología muscular y articular.

Más allá de lo anteriormente descrito, existe poco de verdad o de científico en los artículos difundidos por la red. Interferencias oclusales, mordida… poco o nada tienen que ver con el bruxismo a pesar de que nos empeñemos en seguir escribiendo líneas y líneas sobre el tema.